Teníamos 17 años, Adrián era mi mejor amigo, compartíamos muchos momentos del día, inclusive el banco de la secundaria, nadie le prestaba mucha atención, no era muy atractivo ni tampoco tenía éxito con las chicas, para colmo era muy tímido y tenía el karma de ser virgen. Muchas veces hablamos de sexo y él rehuía dar detalles del tema, tampoco tenía perfil de ser gay y las pocas veces que se animó a decir algo al respecto me confesó que se hacía muchas pajas y consumía mucho porno, un introvertido pero una excelente persona y amigo. Por otro lado yo me diferenciaba, había tenido ya experiencias sexuales con varias chicas pero……. había un secreto que ni siquiera compartía con Adrián, era muy personal e íntimo, y era que me gustaba ponerme la ropa de mi hermana y mirarme al espejo. Era muy parecido a ella, para colmo cuando se crecía demasiado mi cabello el parecido era mucho mas profundo, hasta en algunos rasgos físicos era muy parecido a ella , principalmente mis nalgas llenas y paradas a pesar de mi delgadez, y eso me daba vergüenza cuando iba a la ducha del club. Cada vez que me ponía su lingerie no pensaba como hombre sino que mi mente y mi cuerpo parecía tomar forma de mujer, para colmo mi rostro, de acuerdo a como acomodaba mi cabello y haciéndole algunos toques se veía muy femenino. Lo hacía en la intimidad y casi siempre terminaba masturbándome vestida de mujer refregando la verga con la almohada fantaseando que estaba con un chico, rozar la almohada por la raja de mi culo me producía mucho placer y me hacia eyacular sin siquiera tocar mi verga. Ese deseo de ir mas lejos en la transformación me consumía día a día, y cada vez era mas intenso ya que jamás me había podido vestir y parecerme a una mujer de forma completa, como yo lo deseaba. Con el tiempo compré un buen consolador con ventosa, lo adhería a la pared o al lugar conveniente y me hacía unas pajas tremendas metiendo el falo hasta el fondo tratando de imaginar que era una verga verdadera, todo eso sucedía mirando al espejo, situación que potenciaba aún más el deseo y el placer. Finalmente opté por dejarme crecer el cabello bien largo y facilitarme un look mas femenino desde lo visual cada vez que me vestía de chica. Pasó como un año mas y llegó la época de ir a la facultad en la Capital, y a pesar de no elegir la misma carrera nos alquilamos un pequeño departamento con Adrián para compartir ya que nos llevábamos muy bien y conocíamos nuestras costumbres. El tema para mi iba a estar complicado porque ya no dispondría de intimidad para realizar mi fantasía, además al irme de casa ya no disponía de todo el vestuario de mi hermana. No obstante durante una visita de fin de semana pude sacarle a escondidas antes de irme una cantidad importante de prendas en desuso y un par de zapatos con tacos que tenía en una bolsa para tirar y me las llevé al departamento, donde las tuve que guardar en un baúl con candado junto algunas pertenencias para que Adrián no las descubra. Hacía más de 1 mes que no podía “montarme” y estaba como loca, por suerte Adrián eligió irse un fin de semana entero a visitar a su familia y me dio la oportunidad que esperaba. Ese sábado a la mañana me desperté temprano, y mientras me duchaba rasuré los pelos de mi piernas, mis brazos, la axila y el poco en mi pecho, ya que era medio lampiño y no tuve tanto trabajo, dejando para lo ultimo mi pubis y mis genitales que quedaron tersos como piel de bebé. Me senté delante de un espejo y estuve una hora maquillándome, primero el rostro en general, luego los ojos con pestañas postizas incluidas, me pinté las uñas de la mano y los pies, las cejas y por último el rouge, luego vino el turno de los aros para después sentir el pacer sublime de ponerme el soutien con unas abundantes tetas fabricadas con una media de nylon rellena con arroz, después me paré delante del espejo tomé mi pito, abrí las piernas y lo estiré hacia atrás acomodándolo en la entrepierna para luego subir la tanga y apretándolo, siguiendo una técnica que usan los travestís y que aprendí mirándola una y otra vez en un video. Un par de medias color piel oscura, una mini de Jean y los tacos, ¡por fin!, y por ultimo un peinado acorde a una chica aprovechando mi abundante pelo natural y ¡listo!, me miraba delante del espejo mientras mi corazón palpitaba fuerte sorprendida por la transformación increíble que ni yo misma podía elaborar, hasta tenía un parecido a mi hermana increíble. Me observé en ángulos distintos y era una mujer sin atenuantes, la naturaleza me había dotado de un rostro andrógino que se adecuaba de acuerdo al peinado y el look, ni que hablar de mis piernas y mi cola bien formadas gracias a que hacía mucha gimnasia sin que los músculos sobresalieran demasiado. Esa mañana caminé por todo el departamento, libre sin ataduras, soltándome y caminando con tacos tratando de perfeccionar el andar, me sentaba, me paraba, cruzaba las piernas, gesticulaba, meneaba la cadera sensualmente, en fin no hizo falta hacer demasiado esfuerzo ya que naturalmente actuaba en femenino cuando estaba “montada”. Me hice la comida siempre vestida de chica y dormí la siesta con un viejo camisolín de encaje. Al despertar ya anochecía, me preparé decidida a salir del closet, me cambié nuevamente, esta vez con un vestido entero de salida negro ajustadísimo muy corto, bajé muy nerviosa el ascensor tratando de evitar gente para evitar sospechas aunque como estaba producida dudo que alguien me hubiera reconocido. Temblaba por dentro, y la idea era caminar unas pocas cuadras y luego regresar, justo al salir del departamento vino mi primera alegría, un tipo de unos 50 años pasa al lado mío y sin percatar que yo era un chico me mira libinidosamente y dice:
– “nena, que divina cola, como la moves, que bien estás mamita, te partiría
Como a un queso!!!!” –
Ese primer piropo grosero fue una inyección de autoestima que me sirvió para menear mucho mejor el cuerpo y seguir caminando con una sonrisa en mi rostro. Me aventuré aún mas emocionada por esas groserías y llegué hasta una zona comercial, y allí sentí por primera vez como las miradas penetraban por mi espalda cada vez que pasaba un grupo de personas, chicos y chicas; por suerte creo que dos o tres transeúntes se dieron cuenta que era un chico pero no pasó a mayores, me veía realmente como una mina de verdad. A medida que pasaban los minutos iba ganando en confianza y mi cuerpo perdía rigidez para formar parte de un todo femenino en la manera de moverme y caminar. Trataba de pasar desapercibida pero mi pollera de Jean era muy corta y ajustada, la remera de arriba también estaba muy ajustada y para colmos me había pasado en la medida de los pechos lo cual me veía muy curvilínea y voluptuosa, algunos hombres comenzaban a darse vuelta y decirme muchas groserías, y en mi interior me gustaba y lo gozaba. Emprendí el regreso al departamento, ya había roto el hielo y seguro había salido airosa del closet; me hubiera gustado conseguir algún chico para debutar como Claudia y redondear un fantástico día pero era demasiado. Claudia era el nombre que se me ocurrió cuando salí por primera vez a la calle, en realidad esa exposición me había puesto muy cachonda y tenia muchas ganas de sexo. Cuando abrí la puerta del departamento casi me desmayo, Adrián estaba allí sentado en la mesa del living tomando un café y mirando TV en mute, con razón no había sentido ruidos antes de abrir la puerta, de lo contrario no se que hubiera hecho; ante la sorpresa de ambos nuestras miradas se cruzaron de forma fulminante y él sorprendido quedó tildado como si hubiera visto un fantasma, solo atinó a decir:
-¿Quién sos, como entraste?
Esa frase me sorprendió mas aún y con voz entrecortada solo atiné a decirle
-Soy yo Adrián, dejame explicarte…yo…iba….a decírtelo… algún día…pero…-
Los ojos de Adrián se abrieron aun más cuando reconoció mi voz
-¿Pero, que clase de broma me queres hacer? , casi me muero del susto- me dijo con una sonrisa dibujada en su cara y saliendo del asombro sin dejar de observarme de forma lujuriosa.
Si había una oportunidad de compartir mi secreto mejor guardado con alguien, ese era el momento, tomé fuerzas, cerré mis ojos y me solté, me senté en la mesa al lado de Adrián cruzándome de piernas de forma natural tal cual una chica. Por su expresión a Adrián le encantó cuando el vestido dejó al descubierto mis piernas al momento que se subió la falda bien arriba
– Antes que nada todo lo que hablamos aquí ahora y en el futuro espero amigo mío que lo guardes como tu mejor secreto, ¿prometido?
– Prometido, ¿Cómo debo llamarte cuando estás así?
– Claudia, en este momento soy Claudia- le dije firme
– Prometido Claudia
Era un buen síntoma, Adrián estaba calmado y parecía asimilar el golpe de forma positiva sin rechazo aparente. Ya me sentía mucho mas tranquila y hablaba sin perder los gestos de una chica delante de él sin inhibirme.
– Bueno, esto no es de ahora, hace unos años que me pruebo la ropa de mi hermana,
y justo hoy que pensaba quedarme dos días solo porque quería sentirme por
primera vez tal cual lo venía soñando, bueno apareciste vos, discúlpame, yo no
quería ofenderte, quedate tranquilo que esto no va a repetirse mas, espero me
sepas comprender, somos muy amigos y se que esto para vos es fuerte-
– Fuerte es fuerte, yo pensaba que eras un mujeriego, no gay-
– No soy gay (hasta cuando pensaba entre mi)
– En realidad soy hetero pero cuando me visto de chica mi mente se transporta al cuerpo de una mujer , por lo tanto me veo y me siento como tal –
– Explicame
– Porque me siento Claudia de mente y cuerpo, es como una posesión-
– Houston , estamos en problemas!!!!- me dijo Adrián sonriendo
– Ya lo creo amigo, vivo en una dualidad y cada vez se hace mas fuerte mi inclinación hacia lo femenino, no lo puedo controlar, no se cuales son mis límites-
– Pero es increíble amigo!!!, perdón digo Claudia, aquí hay algo mas que la ropa de tu hermana, mirate al espejo, sos una bomba sexy! , tu transformación es increíble y lo peor de todo demasiado convincente-
Sin darnos cuenta Adrián y yo estábamos conversando como siempre, de forma natural y tomando esta situación de forma muy madura y con respeto.
– Por mi, si querés, podes estar aquí como el amigo de siempre o como Claudia, no me interesa que llevás puesto, solo quiero que sepas que te acepto, y quiero que que sigas siendo mi mejor amigo ¿o amiga, como debo decirtelo?
– No esperaba menos de vos Adrián , me demostraste hoy que fuiste, sos y serás
mi mejor amigo-
– ¿queres que salgamos a tomar algo?- me dijo con vos segura y sin miramientos, con un convencimiento impropio de un ser tan tímido como él.
– ¿en serio me decís? , pero me sorprendes, jamás te vi tan decidido, y encima vas a salir conmigo vestido de mujer , no lo puedo creer!!!-
– Me vine de casa porque la soledad me atormentaba, fui a ver mi familia y mi viejo con el verso de siempre “Adrián, ¿Cuándo me vas a traer una novia a casa?”. Me tienen harto con eso, todos ellos. No soy gay pero vos sabes como me inhibo con las minas, quizás algún día termine como vos, que se yo.
– No, no, no te tortures por eso Adrián, lo mió y lo que a vos te pasa es algo distinto, vos lo que tenes es solamente timidez, y por lo visto hoy estas empezando a cambiar, ¡y como! , vas a salir a caminar con un proyecto de travesti, nada mas ni nada menos, algo impensado para vos hasta hace un rato-
Adrián se sonrió y junto sonreímos por la situación de ambos.
– Esperame que agarro una camperita de jean porque me fui de mambo con las tetas
y quiero pasar más desapercibida, no sabes como me acosaron los tipos por la
calle-
– OK te espero afuera, jodete eso te pasa por estar tan buena!-
– ¿Y eso que fue, como debo tomarlo?
– Nada, nada, estaba bromeando-
Por unos momentos pensé que Adrián se estaba lanzando, no creía que fuera tan rápido. Yo estaba viviendo un sueño, y pensar que hacía minutos parecía que se me acababa el mundo. Por suerte que Adrián estaba a la altura de las circunstancias y el tema no fue traumático para los dos, él había elaborado todo en poco tiempo y para colmos me proponía salir a tomar algo como en una especie de cita de un chico y chica que recién se conocen. Me arreglé un poco el pelo, me pase brillo en los labios, di el ultimo vistazo al espejo y salí en busca de Adrián que estaba en la planta baja.
– ¿puedo decirte algo Claudia? , estas hermosa y sexy-
– Viniendo de un tímido no es poca cosa- le dije sonriendo
Cuando habíamos recorrido una cuadra siento un escalofrío por la espalda, era el brazo de Adrián que me toma la cintura a lo que respondo pasando mi otro brazo por la suya, y acercando mi cara a su mejilla le doy un tímido beso de forma muy natural, no dijo nada, ni siquiera preguntó porque lo hice, seguimos caminando abrazados y a veces nos deteníamos a mirar vidrieras como una pareja madura. Dos por tres en acercaba su nariz a mi cuello y me decía que olía muy bien y que el perfume que usaba era muy rico. Entramos a un pub a media luz y nos sentamos a charlar, con la modalidad que a partir de ese momento él se refería a mí como Claudia de forma categórica, ya estaba convencido que allí adelante suyo había una mujer de verdad, su mejor amigo ya no estaba presente, no existía. A medida que avanzaba en la conversación nos entrábamos más y más en nuestra intimidad y Adrián transformó el silencio de años en revelaciones increíbles para mí.
– Y todos pensábamos que eras virgen!!!- exclamé sorprendida
– ¿Viste? Los engañé a todos – me contestó con picardía
Adrián me contó esa noche que debutó con una travesti y que sentía una atracción especial por ellas, más que con las chicas, y a veces prefería que los conocidos lo tomen por raro a que digan que le gustaban los travestidos, hubiera sido un bochorno para sus compañeros de la escuela. Ahora empezaba a comprender la actitud de él hacia mi cuando me descubrió, porqué puedo elaborar todo tan rápido., porqué me aceptó tan rápidamente, lo que si era un hecho es que Adrián le gustó y mucho lo que vio entrar por la puerta del departamento y por su positiva actitud todo parecía indicar que pronto se olvidó que debajo de Claudia estaba su mejor amigo. Tomamos bastante y emprendimos el regreso. Cuando estábamos subiendo el ascensor nos miramos los dos y mediante un impulso que nos nació desde muy adentro él me tomó de la cintura, me apretó contra su torso y sin mediar palabras nos trenzamos en un beso de lengua largo y profundo, mientras sus manos recorrían mis muslos hasta que se depositaron fuertes en mis nalgas acariciándolas al mismo tiempo que levantaba mi pollera. Llegamos a la habitación muy excitados , yo fuera de mi muy caliente, él se sentó en la cama, yo me arrodillé, bajé el cierre del Jean mientras lo miraba excitada pasándome la lengua por los labios de forma provocativa, con decisión le saqué el pito afuera y ¡oh sorpresa! Era bastante grande y grueso, no obstante me lo metí en la boca y comencé a chuparle la pija como una puta avezada, paso seguido él me sacó de esa posición por miedo a acabar y me acosté en la cama boca arriba mientras él ponía dos almohadas debajo de la cintura, yo estaba excitadísima y fuera de mi, no veía la hora que me penetrara.
-Ponete forro, por favor, no mejor te lo pongo yo con la boca-
El sacó de su bolsillo el profiláctico y con maestría lo fui colocando mientras su pija se hundía en mi garganta. Me volví a colocar arriba de las almohadas, me subí la pollera hasta la cintura, abrí las piernas tal cual en posición misionera, él se embadurnó la pija con vaselina, corrió mi tanga a un costado, y puso la cabeza para jugar en la orilla de mi culo que pedía a gritos ese pedazo de carne. El no paraba de elogiar mi cuerpo y la suavidad de mi piel depilada completamente, mi cintura, pelvis y culo se mecían onduladamente mientras Adrián introducía su dedo, luego dos y finalmente tres para dilatar el ano, yo gritaba como loca de placer , Adrián me decía cosas hermosas y me excitaba aun mas, mis piernas lo volvían loco, hasta que despacio , muy suave apoyó las manos al costado de mis nalgas y me fue llevando hacia él , mejor dicho tratando que su pija se metiera de una vez por todas. Primero la enorme cabeza hinchada y colorada sentí apoyar en el orillo, instintivamente mi culo se cerró pero se rindió cuando la mitad de la punta iba camino al fondo del abismo sin ofrecer resistencia, un grito de dolor salió de mi boca cuando ya la gorda pija iba abriéndose paso entre mis entrañas en un viaje sin retorno hasta tocar sus testículos con los míos. El dolor era intenso pero el gozo era impagable, y una vez adentro Adrián comenzó a levantar y bajar su culo en una embestida feroz de su pija a mi pobre culito. Besándonos, él arriba mió recorriendo su lengua por mi cuello y yo extasiada y penetrada sin piedad comenzaba a gemir sin parar en una danza de placer sin igual. Estuvo dándome sin contemplaciones por más de 20 minutos, ya mi culo bien dilatado recibía sin resistencia esa pija dura que entraba y salía hasta la mitad.
-Quiero acabar Adrián- y sin mediar mas palabras mientras el me daba rosca empecé a masturbarme hasta que la leche saltó hacia mi torso llegando a mi propia cara de la fuerza con que salió. Con mis dedos retiraba los vestigios de semen sobre mi abdomen y me los llevaba a la boca mojando los labios con mi propia leche en un acto de provocación como sugiriendo lo que vendría pronto. De repente sentí que Adrián gritó
– me vieneeeeeeeeeeee-
Rápidamente me sacó la pija del culo, decididamente me metí como pude la pija en mi boca mientras lo pajeaba esperando el desenlace final, mi garganta rebalsando de semen y cayendo por el costado de la barbilla. Le abrí la boca llena de leche mostrándosela para excitarlo y pasé a tragármela toda, para luego volver a tomar su pija y limpiarla con la lengua sin dejar vestigio alguno de semen en la zona. Nos quedamos abrazados en la cama un rato largo sin hablar besándonos dulcemente. Me saqué los zapatos y las medias que aun llevaba puestas, me dejé la remera para darle mejor efecto visual a mi torso femenino con rellenos, y con el culo hecho mierda me acurruqué al lado de él, le di la espalda y sentí su cuerpo fusionarse al mío por detrás mientras su pija nuevamente parada se acomodaba en la raja de mi culo. A la media hora lo hicimos otra vez y esa noche nos despertamos a las 5 de la mañana sin poder resistirnos hacerlo una vez mas. La fuerte luz del mediodía del domingo nos sorprendió en la cama con la habitación oliendo a sexo. Me bañé, me produje nuevamente como Claudia le serví el desayuno en la cama, le cociné y hasta el lunes que fuimos a la facultad fui su mujer, fui Claudia full time. Al mes empecé a tomar hormonas, a afinar la voz, a estar todo el tiempo montada como Claudia y a vivir como la hembra de Adrián. Poco a poco fui transformándome en una sexy y apetecible mujer y por supuesto afianzando mi relación de pareja con mi primer y único amor, Adrián.

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