Transcurrían los año 50, mi amigo Luis era un muchacho de 18 años y subía al tranvía todos los días para ir y volver del trabajo. Una tarde al regresar a su casa notó que alguien le tocaba las posaderas y segundos más tarde también los genitales. Al mirar quién era se percató de que era uno de los muchos viajeros con los que coincidía con frecuencia en el mismo trayecto. Miró en derredor, con gran nerviosismo, por ver si otros viajeros notaban su situación al tiempo que sentía que estaba empezando una erección.
Al llegar a su parada, Luis vio que el hombre que le había tocado se bajaba también y le dijo un piropo. Esto motivó que los nervios aumentaran y la excitación subía a su pene. Tan nervioso estaba que no vio que el hombre en cuestión desaparecía de su vista entre los viandantes y no volvió a verle hasta unos días más tarde.
Otra tarde al bajar del tranvía, también de regreso del trabajo, Luis encontró, junto al vehículo público, un automóvil marca Simca y dentro, esperándole, el mismo señor de días atrás, el cual abrió la puerta y le invitó a subir, cosa que mi amigo hizo con gran nerviosismo.
El automóvil arrancó, sin decir palabra ninguno de los dos y estuvieron circulando al menos diez minutos por calles apartadas y no bien iluminadas. Durante ese trayecto la mano del hombre más cercana a Luis dejó el volante y empezó a acariciarle la entrepierna, mi amigo sintió que empezaba una erección y preguntó: qué era lo que deseaba su casi obligado acompañante. A ti – respondió el hombre y parando el coche ( aprovechando la oscuridad de la calle), se inclinó sobre él y le besó en la boca con gran pasión.
Era la primera vez en su vida que alguien le besaba de esta manera con lo que la erección continuó, el hombre que no había dejado de tocarle en un momento, con gran habilidad, sacó el pene de mi amigo y comentó que esa si que era una buena herramienta. A continuación reanudaron la marcha siempre con la mano del hombre acariciando el pene de mi amigo y no pararon hasta llegar a un portal con garaje y le indicó que bajara, acompañándole hasta el ascensor.
Llegaron al último piso, un estudio de pintor y al parecer de alguien dedicado a la construcción y diseño de edificios. Tenía una amplia terraza y varios cuadros por los suelos arrimados a las paredes, una mesa de dibujo con su taburete y además de varias sillas ¡¡algo que llamó poderosamente su atención: una especie de sofá con un solo brazo y ligeramente inclinado en el lado contrario!! No había visto ninguno como ese.
El hombre se acercó a Luis y volvió a besarle en la boca y a tocarle los genitales al tiempo que empezaba a desnudarle. Mi amigo, más nervioso y más excitado por momentos, se dejaba hacer mientras veía que su acompañante comenzaba, también, a despojarse de su ropa.
A poco le dijo que diera una vuelta por el salón y le comentara su opinión de los cuadros, al parecer para rebajarle la tensión nerviosa. Cuando estuvieron los dos desnudos totalmente el hombre (no dijo en ningún momento su nombre pese a que él si quiso saber el de mi amigo) le llevó suavemente hacia el sillón e indicándole que se colocara de frente al brazo del sillón dándole la espalda al señor.
Enseguida Luis notó que acercaba el pene a su trasero y en un momento sintió un capullo, más fino que el suyo propio, como le entraba muy suave en el ano.
Nuevamente la erección subió al límite, la penetración continuaba poco a poco cada vez con más fuerza y más jadeos por parte del hombre y más calentura por parte de mi amigo, después de un rato de follar en esa posición sacó el pene de dentro de Luis y reanudó los apasionados besos, que a Luis le iban manteniendo caliente pues cada vez le gustaban más.
Poco a poco le hizo acostarse boca arriba y que levantara las piernas hasta los hombros del caballero que volvió a introducirle con mucha delicadeza el pene en el ano iniciando de nuevo y con cuidado movimientos de mete y saca. Al cabo de un tiempo volvió a follarle con más rapidez. Mi amigo se sentía transportado a otro planeta, tal era el placer que sentía y unos momentos más tarde ambos llegaron al mismo tiempo al orgasmo.
Mi amigo me comentó ¡¡¡QUE NUNCA EN SU CORTA VIDA HABÍA SENTIDO ALGO ASÍ ¡¡¡Y ¡¡¡ NUNCA DESPUES SINTIÓ ORGASMO TAN GRANDE Y NI SIQUIERA PARECIDO AL DE AQUEL DIA!!!
Terminado ese fenomenal coito el hombre descansó un momento sentado en el sillón y tocándole sin parar le hizo llegar de nuevo al orgasmo al tiempo que comentaba la gran presión a que estaba esa gran herramienta. Así terminó la primera de sus entrevistas que volvieron a repetirse durante un año o más. El amigo del Simca siempre le follaba y después le masturbaba. Llegó a tomarle tal afición a esos polvos que los recuerda con añoranza a pesar del paso del tiempo.

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