Mi primer salida “a la calle” travestido, ocurrió un tiempo antes de mi cumpleaños número veinte y fue gracias a la insistencia y acompañamiento de un amigo, a quien le estaré agradecido de por vida, por tanta comprensión y sobre todo por su valentía y compromiso; obvio que esa salida “a la calle” nada tenía que ver con la prostitución, sino que se trataba simplemente de una necesidad interna, puesto que yo quería, deseaba y necesitaba mostrarme ante los demás como mujer y comprobar por propia experiencia, las reacciones que podría llegar a provocar en los demás.
Por supuesto que, tanto el mismísimo espejo, como en este caso en particular mi amigo, me daban la confianza necesaria como para salir al mundo exterior, ya que mi apariencia física, mis rasgos, mis gestos, mis movimientos, etc., hacían que yo mismo me viese como toda una mujer y con ese convencimiento, me produje para ese fin, vistiéndome con una ajustadísima calza, obviamente con una diminuta tanga debajo, para realzar y resaltar el tamaño y la forma de mi increíble culo, unas botitas cortas, corpiño calado color negro, una camisola estampada y una campera corta, para que no cubra mi parte trasera.
Hoy en día y gracias a un joven modelo australiano de origen bosnio, llamado Andrej Pejic, se puso muy en boga de todos “la moda andrógina”, es decir aquellos que, mediante un simple cambio de vestuario y un ligerísimo maquillaje, pueden pasar de hombre a mujer o viceversa, a punto tal que, en el caso particular de este joven, modela indumentaria femenina para las grandes marcas internacionales y es asiduamente “habitué” de las pasarelas más destacadas del mundo; bueno, mi caso personal era muy pero muy similar, salvando las obvias distancias.
¿A dónde ir? ¿Qué hacer? Fueron las preguntas que me hice entonces para mis adentros, pero enseguida Julián, tal el nombre de mi amigo, me dio la respuesta sugiriendo que fuéramos, primero a dar un vuelta en su auto, después tal vez a hacer una breve caminata y por último, si yo me sintiese cómodo, a tomar algo en alguna confitería, bar, pub, etc., para finalizar la jornada en un boliche bailable; si bien yo estaba con una extraña sensación, mezcla de ansiedad con nervios y expectativa, ya había tomado la firme decisión y determinación de “salir a la calle”, ese mismo día.
Lo más difícil o complicado tal vez, era salir de mi casa para subirme al auto de Julián, pero al final resultó mucho más simple de lo esperado, por el hecho de que no andaba nadie en las cercanías, es decir, no habían “moros en la costa”, así que simplemente me senté en el asiento del acompañante y me dejé llevar por mi amigo; por supuesto y como toda mujer lo primero que hice fue mirarme en el espejito del parasol del vehículo, para ver si necesitaba retocarme el maquillaje, algo que inmediatamente me produjo una sensación muy placentera.
La primer vuelta por una zona bien céntrica me hizo sentir muy a gusto y muy cómodo, al punto tal que resolvimos de inmediato, estacionar el vehículos y dar una breve caminata para mirar vidrieras, etc.; fue una sensación increíble y por demás agradable, ya que mi forma de caminar sensual e insinuante y mis gestos y movimientos tan femeninos, hacían que mi presencia no pasara desapercibida o inadvertida, ya que cada vez que nos parábamos frente a una vidriera, el vidrio hacía las veces de espejo y en más de una ocasión pude observar a hombres mirándome el culo y con total descaro.
¡Qué frescos son los hombres! Están con sus respectivas novias, esposas o parejas, me ven a mí que voy acompañada e igualmente aprovechan la oportunidad o un descuido de sus “consortes”, para fijar sus ojos en mi preciosa, voluptuosa y maravillosa cola – Me dije para mis adentros.
En todo el paseo no noté que nadie me observaba con algún tipo de mirada sospechosa o suspicaz, lo que me motivó más aún para proponerle a Julián, que fuésemos a un pub, si bien no tan céntrico, tampoco tan alejado de esa zona y allí tomamos rumbo entonces para, una vez en el lugar, ubicarnos en una mesa cerca de un gran ventanal; la experiencia no pudo ser más alucinante, ya que pasamos unos momentos agradables, amenos y placenteros, inclusive jugamos al pool, donde aproveché para mostrarme y exhibirme al máximo y antes de salir, pasé, como hacen todas las mujeres, por el baño de damas.
Un párrafo aparte merece precisamente “el juego de pool”; ya que siempre yo había sentido una especie de sana envidia hacia aquellas mujeres practicantes de ese juego ¿Porqué? Porque les permite mostrar toda su sensualidad, les permite provocar, incitar, mostrarse y exhibirse y aquella “fantasía” mía, aquel deseo pude hacerlos realidad, ya que aproveché para exagerar al máximo mis movimientos sobre aquella “mesa de pool” y exhibí, sin ningún tipo de tapujos, las bondades de mi maravillosa cola, la que me quedó llena de “ojos de los hombres libidinosos” del pub.
En el boliche bailable me desaté, ya que bailamos, nos sentamos en la barra, en los sillones y lo pasamos ambos, porque Julián estaba muy cómodo también, espectacularmente bien; por supuesto yo seguí aprovechando toda ocasión para exhibir mi culo e inclusive compararlo con el del resto de la mujeres en el local, algunas de las cuales inclusive también miraron y admiraron mi espectacular parte trasera, sobre todo porque la calza hacía que se marcara el contorno y la forma de mis carnosos y voluptuosos “cachetes”.
¡Hay! ¡Qué bien lo pasé Julián! ¡Nunca voy a poder agradecerte por esta salida! – Le dije a mi amigo mientras salíamos del boliche y yo me ajustaba la campera y hacía el último movimiento provocativo con el culo y agregué:
¡Estoy excitada! ¡Con mucha adrenalina! ¡No sé como terminar la noche!
¡Sí! ¡Yo también! – Exclamó Julián y ambos cruzamos una mirada que dejó traslucir una ya creciente libidinosidad en nuestros rostros.
¡Y! ¡Podríamos hacer algo! ¿No? – Le dije mientras le arrimé mi cola a su entrepierna.
¡Sí! ¡La verdad es que podíamos hacer algo! – Respondió Julián y agarrándome por la cadera, y haciendo un par de movimientos de su pelvis contra mi gran culo; obviamente las cartas estaban echadas pero no iríamos a tener sexo allí en la vereda, así que raudamente nos fuimos hasta el auto, tal vez con la intención, por parte de mi amigo, de estacionar en algún lugar oscuro y reservado, pero yo tenía otro tipo de expectativas y con la respiración entre cortada, a causa de la excitación que no me abandonaba, le dije en tono imperativo:
¡Vayamos a un telo!
Julián se sonrió socarronamente e hizo un rápido giro para dirigirse a la zona en donde se encontraban aquellos “hoteles alojamiento”. Uno puede coger en su casa, en el auto o inclusive en los lugares más desopilantes e insólitos, pero el hecho de ir a coger a un “hotel alojamiento”, predispone a uno de otra manera y la excitación comienza ya desde el momento mismo en que se toma tal determinación.
Una vez dentro del “telo”, nos despojamos rápidamente de nuestras ropas hasta quedarnos ambos completamente desnudos. Julián se recostó “boca arriba” sobre la cama y yo me abalancé sobre su pija, para tocarla, besarla, acariciarla, chuparla una y otra vez, lamerla y en definitiva, comerla, comerla y comerla. Las pijas me gustaron desde siempre y tengo varios relatos, inclusive publicados en este mismo sitio de Internet, en los que grafico, ejemplifico y describo la desesperación expresada en su punto extremo, ante cada pija que podía tener para mí. Uno de mis mayores deseos y fantasías (que obviamente poco tiempo después los hice realidad) fueron “las cuatro pijas”, es decir, una en la boca, otras dos en cada mano y la restante bien adentro del culo.
Con una desesperación indescriptible, volvía una y otra y otra vez a chupar, besar, lamer, acariciar, agarrar y apretar esa hermosísima y deliciosa pija; la refregaba por mi cara, por mis tetitas y cuando suponía haberme quedado satisfecho, hacía una brevísima pausa y volvía a hacerme de ese precioso miembro viril, provocando todo tipo de gemidos y de jadeos de gozo, de placer y de satisfacción sexual en mi amigo Julián.
Tan buena, tan increíblemente excitante debió haber sido aquella “mamada”, que Julián, en un estado también de “calentura extrema”, se incorporó sobre la cama y me puso a mí boca abajo, para inmediatamente después, zambullirse sobre mi culo y la misma desesperación con la que yo me había comido literalmente su pija, comenzó a comerme el culo, a lamerlo, a besarlo, a toquetearlo y manosearlo por completo, a chuparlo íntegramente e inclusive hasta clavar sus dientes en mis carnosos y blanquísimos “cachetes”.
Yo en tanto, preso ya de una excitación incontrolable, comencé a pedirle, a rogarle, a suplicarle y a implorarle que me cogiese, no solo ya con su lengua, sino con su maravillosa pija.
¡Hay Julián! ¡Cogeme! ¡Cogeme por favor! ¡Metémela en el culo! ¡Metérmela bien adentro!
No hubo tiempo de nada, ni de preservativos, ni de posiciones, ni de posturas; allí mismo, es decir, yo extendido sobre la cama boca abajo y mi amigo encima de mí, comenzó aquella sublime, alucinante y frenética cogida; ni Julián ni yo estábamos para preliminares ni nada por el estilo; él quería ponerla y yo quería tenerla bien pero bien adentro; el movimiento fue tal que hasta la cama empezó a crujir y a ladearse ante cada embestida.
Yo la sentía como nunca, sentía a Julián dentro de mí; sentía como mi hambriento culo y mi dilatadísimo orificio anal, se devoraban literalmente aquella fenomenal pija; aquellos eran momentos de una intensidad increíble, que culminaron, que llegaron a su máxima expresión cuando Julián, casi junto con el timbre que marcaba el final de nuestro tiempo en aquel “telo”, acabó abundantemente dentro de mí.
Aquella había sido, sin lugar a dudas, la culminación de una jornada que quedará para siempre marcada en mí a fuego. Mi primer salida “travestido”, mi primera exhibición pública, pero sobre todo, la comprobación definitiva, de que yo podía ser indistintamente “hombre y mujer” y que en ambos géneros podía desenvolverme con total y absoluta naturalidad. Sí, así es, efectivamente, yo también soy “Andrógino” y ello es lo más maravilloso que pudo haberme sucedido ¡Gracias! ¡Infinitas gracias Madre Naturaleza!
Soy Walter Hache y mi correo es: [email protected]

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